La ayudante de fotografía lleva unos meses trabajando en el estudio. Piensa que en poco tiempo ya podrá empezar a moverse por su cuenta. Su jefe es un profesional de prestigio, pero duda que tenga mucho más que enseñarle. Hoy, en concreto, tiene un día pésimo, está alterado y no acierta ni una. Por cierto, dónde se han metido todos? El tema de las luces ya está solucionado. Pueden volver al trabajo en cuanto quieran. Ah!, ahí están el fotógrafo y el publicista. Ambos, fijos, clavados en el suelo ante la terraza, mirando hacia afuera. Curiosa, sigue su mirada. De espaldas, la modelo, altiva y distante, fuma de forma indolente. En cambio, los hombres están tensos, como en estado de alerta. Percibe su deseo, es casi asible, aprehensible. El deseo, y quién no ha pensado en ello alguna vez? En cómo permite que aflore nuestra verdad más íntima y generalmente oculta. Y al mismo tiempo nos empuja a salir, nos expulsa al mundo, nos obliga a nacer. A conocer a otro, a arriesgarnos, porque el otro constituye el único espacio de satisfacción y la primera semilla del pensamiento. Aunque duda de las posibilidades d